
THE GOOD PLACE | SERIE | HUMOR | 2020 | 4 TEMPORADAS | NETFLIX | CRÍTICA Por Mauro Patat
Para los que estan podridos de escuchar sobre Stranger Things, les traigo una serie muy famosa pero que muchos no vieron.
31 de diciembre de 2025
Mauro Patat
Terminamos el año con la serie de comedia que más me hizo reir estos últimos 5 años. Parece una comedia liviana con colores pasteles, pero en realidad es una trampa filosófica cuidadosamente diseñada.
Arranca como sitcom high-concept y termina siendo una de las reflexiones más incómodas y honestas que la televisión reciente se animó a hacer sobre la moral, el mérito y el sentido de existir.
Durante cuatro temporadas, la serie se burla sin piedad de la idea de que el universo pueda funcionar como un Excel moral. Pone en crisis el concepto de “buena persona” en un mundo donde cada decisión, incluso la más bienintencionada, está contaminada por sistemas injustos, consumo irresponsable y consecuencias invisibles. La sátira es clara: nadie pasa el examen porque el examen está mal hecho.
Lo más filoso de The Good Place no es su humor autorreferencial ni su lluvia de citas filosóficas (que van de Kant a Kierkegaard como si fueran chistes internos), sino su insistencia en algo profundamente incómodo para la cultura contemporánea: nadie se salva solo. No hay iluminación individual que alcance si no existe el otro. Mejorar no es un logro personal, es un proceso colectivo, torpe, repetitivo y lleno de recaídas.
La serie también es ácida con la burocracia del bien y del mal. Demonios, jueces y arquitectos no son fuerzas cósmicas incomprensibles, sino empleados quemados, funcionarios mediocres y sistemas que prefieren seguir funcionando mal antes que admitir que necesitan cambiar. En ese sentido, The Good Place es una comedia metafísica, sí, pero también una crítica feroz a cualquier estructura que confunda reglas con justicia.
Y entonces llega el final. Sin comvertirce en un mega evento. Sin golpes bajos. Sin moraleja subrayada. La serie entiende algo que muchas ficciones temen: que la eternidad no es un premio, es un problema. Y que tal vez el verdadero acto ético no sea existir para siempre, sino saber cuándo soltar.
El cierre no habla de castigos ni recompensas, sino de elección, descanso y sentido. No promete felicidad infinita, pero sí algo mucho más raro y más humano: paz. The Good Place se despide recordándonos que vivir (con límites, errores y tiempo finito) no es una falla del sistema, sino su mayor regalo.
Y ahí, cuando parece que todo termina, la serie hace su último truco: no te deja vacío, te deja liviano. Como si algo se acomodara. Como si, por un segundo, el universo tuviera sentido. Es un 10






