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CHESPIRITO, SIN QUERER QUERIENDO |MINISERIE | BIOSERIE | 2025 | max |PRIMERAS IMPRESIONES |Por Mauro Patat #Chespirito

Sin querer queriendo, me encontré llorisquiando frente a una serie biográfica. No esperaba emocionarme así, pero se abusaron de mi inocencia, y me metieron el corazón dentro de un barril. Acá les cuento mis primeras impresiones sobre el primer capitulo de la serie biográfica de Roberto Gómez Bolaños, alias "Chespirito".

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El capítulo arranca en Acapulco, o mejor dicho, en la promesa de ese viaje inolvidable. Ya desde ahí sentí que esto no iba a ser simplemente una biografía, sino un viaje del alma. Porque el alma de Chespirito no estaba solo en sus personajes, sino en su forma de mirar el mundo: con ternura, con picardía, con esa mezcla rara de genio y humildad.

Después viene el salto temporal, a su vida de joven ingeniero, y ahí me desarmé. Porque no cualquiera deja una vida segura para soñar con hacer reír. Lo suyo no era solo un trabajo: era una vocación, una necesidad del alma. Como quien no puede evitarlo, como quien ya nació con la gracia en los huesos.

Lo que más me gustó de este capítulo fue ver cómo idolatraba a Chaplin. Esa admiración, esa manera de estudiar los gestos, de entender que la comedia más pura es la que no necesita palabras. Y claro, entendí todo: el Chapulín, el Chómpiras, el Chavo... todos tienen algo de vagabundo noble, de poeta con zapatos rotos. Como si él nos dijera, bajito: “lo sospeché desde un principio”.

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No sé, pero este primer capítulo me pareció más profundo que muchas series “serias”. Porque hay verdad. Porque hay historia. Porque la risa que me enseñó Chespirito interpela a muchísimas generaciones.  Hay una frase que dice que el buen humor limpia el alma, acaricia el corazón y te vuelve más humano. Bueno... eso me pasa cada vez que veo EL Chavo o el Chapulín. 

De entrada se nota que no va a ser una serie  para ver corriendo. va a ser para mirarla con el corazón prendido, con ganas de volver a ser niño, y con una lágrima al borde de la risa. Y sí, al final, “fue sin querer queriendo”, pero terminé agradeciéndole a ese señor algo tímido, con una cara de asustado pero con un alma enorme, por haber inventado una vecindad a la que todavia visitamos cuando estamos tristes. 

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Mauro Patat

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